¿ Volvería mañana?

         Se encontraba caminando pero no sabía por dónde, esa niebla espesa que le resultaba tan familiar le nublaba la vista. Temía que le dijeran que tenía que volver atrás, sólo quería saber cómo llegar a casa, a la casa que su corazón le dictaba. Había sufrido tantos aguaceros sobre su mente que ya no le importaba no ver ni sentir,el frío  que le tenía paralizada hasta el alma. Solo llegar a casa era lo que le importaba. ¿Qué más daba no poder observar si con tan solo cerrar los ojos el camino se reproducía en su cabeza como un vídeo? 
  Era un camino tortuoso y difícil,pero le encantaban los retos. Siempre se decía a sí misma que lo que no es complicado no vale la pena continuarlo. Daba igual ya todo lo que había hecho porque eso pertenecía al pasado; además, nunca le gustó merodear y entretenerse, si algo terminaba era porque otra cosa más fascinante le esperaba, sólo si seguía andando.
  Justo a media noche, cuando todo ser viviente duerme, y vuelven a la vida las criaturas de la noche, ella se encontraba a menos de 8 pasos de lo que estaba buscando, su casa. No quería volver a sentir lo que ya había conocido, porque nunca sería igual que la primera vez. Solamente quería comprobar algo que le taladraba el alma cada noche antes de dormir y todas las mañanas al despertar. 
  Se ocultó entre la maleza de aquel precioso jardín en el que en cuestión de segundos, se recordó a ella misma tumbada en él, reviviendo aquellas increíbles historias de sus libros, riendo hasta quedarse sin aire, siendo feliz. Miró por la ventana y, efectivamente, le gustó lo que estaba viendo. A él, al lado del fuego, huyendo del frío que un día le congeló la vida entera. Y entre  sus manos, ese libro, lleno de historias hechas por ellos mismos, de pétalos, de fotos, de recuerdos...sin olvidarse del grandioso amor que se escapaba por cada letra que hay en él nada más abrirlo y empezar a leer.
 A su manera, ambos eran felices. Todavía les quedaban resquicios de algo que una vez les completaba, y que quizás, aún les siga llenando como antes. Al fin y al cabo, esas historias eran solo suyas.
 Empezó a llover y no se supo si caían más gotas del cielo o de las que pendían por su fría cara, y entonces, retrocedió sus pasos sin volver a contemplar aquello, que era como un bálsamo para su dolor. Pero dejó de prestarle atención a la niebla, al frío, incluso a la lluvia. Saber que el corazón de aquel muchacho era suyo le transmitía la calma que nunca había podido lograr conseguir.

Comentarios

Entradas populares