Silencio como la mejor opción.

   Las palabras no sólo sirven para expresar las emociones, también ayudan a distanciarnos de éstas. Pueden ser una valiosa red de seguridad, que protege los verdaderos sentimientos en sílabas forjadas concienzudamente y no en efusiva sinceridad. También pueden ser malinterpretadas, infringiendo heridas al formular en la mente del otro una falsa impresión. 
 Todos decimos cosas de las que luego nos arrepentimos. Al final, esas lamentaciones simplemente acaban formando parte de lo que somos, junto con todo lo demás. Perder el tiempo intentando cambiar eso, es, en fin, como perseguir nubes.

A veces, hay cosas que es mejor callarse.

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